Al oriente de Texcoco se encuentra el Monte Tláloc, ubicado dentro del Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl. Hay que ir bien muy abrigado, con zapatos de montaña y guantes gruesos y de preferencia impermeables. Ah, y almuerzo, también muy necesario por la intensidad del recorrido. Si quieren acampar, es posible hacerlo en Canoas Altas, y para ello hay que llevar una tienda de campaña y pagar $ 150. También hay cabañas que se pueden rentar (de preferencia entre varios para que rinda más el dinero). Hay que salir con tiempo, pues de Ciudad de México a Texcoco es una hora en auto; de ahí a Canoas Altas, que es donde aparcas el auto, es de una hora y media a dos horas; de ahí a la cima del Monte Tláloc es una hora y media más; calculen un tiempo de visita de la zona de media hora. Si salen a las 9 AM, calculen estar de regreso en México (si se paran a cenar media hora en Texcoco), entre 7 y 8 PM (10 u 11 horas en total).
Fotografía tomada en la entrada de Canoas Altas
Llevaba meses queriendo ir, pero me faltaba un compañero de viaje que aportara su vehículo, pues, a pesar de que es posible hacer la excursión a pie desde la base de la montaña, o bien esperar a que salga una combi, sí es más cómodo ir en auto. Por fin, después de la larga espera, partí en el coche de mi acompañante el 8 de Agosto de 2020. Salimos temprano pues el trayecto a Texcoco es aproximadamente una hora. Pasamos por San Pablo Ixayoc y, subiendo en auto por la ladera de la montaña, nos paramos a tomar una foto de su pintoresca iglesia.
La iglesia de San Pablo Ixayoc
Poco después llegamos a la pluma, donde un señor nos preguntó a dónde íbamos. Le dijimos que al Monte Tláloc; nos preguntó que si íbamos a regresar el mismo día, y le dijimos que sí. Nos cobró $ 10, y nos dijo que si nos quedásemos en Canos Altas serían $ 15. El camino es irregular, de tierra, con circulación en ambos sentidos, por lo que les recomiendo manejar despacio. No vayan cuando sea época de lluvia porque el coche podría derraparse fácilmente.
Algo que me llamó la atención es que había mucha gente subiendo a pie, algunos incluso con su bibicleta. Llegamos a un lugar donde el bosque se hizo más denso; no se oía más que las ramas mecidas por un fuerte viento. Vimos un árbol impresionante con el tronco bifurcado, y a un costado del camino un canal de agua limpia cuyas aguas, cristalinas, se deslizaban pendiente abajo.
Dejamos el auto en Canoas Altas. Les recomiendo comprar galletitas y café en la tienda del lugar, pues de ahí a la cima ya no es posible.
Comenzamos la ascensión. De ahí me fui separando de mi compañero pues él quería ir con calma y yo ardía en deseos de llegar a la cima. A un costado del camino vi una flor blanca muy especial, la cual abunda en la zona.
Los árboles se erguían majestuosos en aquel día neblinoso.
Cuando vean una pared de rocas a su izquierda es que van por buen camino.
Grafiti de Tláloc y un hombre caminando en
una senda serpenteante, indicando la
proximidad de la pirámide
Un poco más arriba, en un sendero zigzagueante salpicado de rocas, observé abundancia de una flor morada y redonda cuya existencia me era desconocida hasta ese momento.
Llegar a la cima tras un largo esfuerzo fue una de las experiencias más indescriptibles que he experimentado en mi vida. Una mezcla de gratitud, asombro, respeto, paz y alegría inundaron cada poro de mi piel y hasta el rincón más insospechado de mi alma: una sensación efímera de eternidad, el tiempo detenido en ese instante donde pasado, presente y futuro danzaron en un movimiento que se arremolinaba sin cesar. Yo llevaba semillas de girasol para ofrecer a Tláloc, dios de la lluvia y los mantenimientos (lo que mantiene a la vida en la tierra). Me hinqué, dediqué una oración de agradecimiento, pedí por mi salud y la de mis seres queridos y diseminé las semillas en la ofrenda y hacia los cuatro rumbos del Cosmos.
Ofrenda en la entrada de la zona; los muros
franquean la calzada que conduce al templo
Con sus 4120 metros sobre el nivel del mar, el Monte Tláloc es la novena cima más alta del país; su zona arqueológica es la que está situada a mayor altitud a nivel mundial. Debido a los ríos y manantiales producidos por el deshielo, así como por las lluvias, fue vinculado a Tlaloc. Los vestigios arqueológicos más antiguos datan del 300 al 350 de nuestra era, en el esplendor de Teotihuacan; el templo actual fue construido por los pueblos nahuas hacia el 1300; una calzada de 150 metros de largo que conduce a la cima. Tláloc constituía, junto con Huitzilopochtli el dios de la guerra, Ometéotl, el dios dual de la cosmovisión nahua.
Observen las cruces huicholes
y la pintura nocturna del fondo
Se han encontrado petroglifos de anfibios, serpientes, tortugas y otros animales vinculados al culto al agua. Por ello se piensa que el Monte Tláloc tenía como objetivo representar al Tlalocan o "paraíso de Tláloc", el lugar fértil y abundante donde iban tras morir los niños no nacidos y los ahogados. Estaba pintado de blanco y se alcanzaba a ver en Texcoco al poniente, Teotihuacan al norte, Coatlinchan al sur y Tlaxcala al oeste; servía también como fortaleza para resistir los embates tlaxcaltecas.
Se cuenta que la estatua fue robada y restituida varias veces en tiempos prehispánicos, probablemente por las facultades mágicas que se le atribuían. La destrucción definitiva del sitio tuvo lugar en 1539 bajo las órdenes del arzobispo Zumárraga. se dice que los que la destruyeron fueron los mismos indígenas, quienes sepultaron bajo las piedras los elementos más importantes.
Entre el 7 y el 12 de Febrero (los llamados nemontemi o últimos cinco días del calendario mexica), todos los años, es posible observar un curioso fenómeno óptico llamado la montaña fantasma. Hacia el oriente el Pico de Orizaba, La Sierra Negra (en Veracruz) y La Malinche (en Tlaxcala) parecen formar al amanecer, por medio de la fusión de los rayos del Sol, una sola gran montaña.
En esa zona habita el teporingo o zacatuche, especie amenazada parecida a un conejo que sólo se encuentra ahí y en el Corredor Biológico Ajusco Chichinautzin. Desgraciadamente yo no pude ver ninguno.
De regreso, les recomiendo cenar en La Rue 120 Crêperie, lugar agradable y quizás de buena suerte por estar ubicado en el número 777 de la calle Ignacio Allende. Después de mi viaje me enteré que el 21 de Agosto abrieron una sucursal en 2 de Marzo 705, Centro, frente a un Benedettis. Les recomiendo que pidan una exquisita crepa al chipotle acompañada por una cajeta caliente o taro caliente para entonar el cuerpo. Todo por un precio sumamente accesible.
Si algo aprendí del viaje es que, cuando nos atrevemos a soñar, cosas mágicas suceden. Afuera hay un mundo por descubrir y una vida por vivir. Hasta pronto.
Muy interesante
ResponderBorrarBuenos tips
gracias por llevarnos de viaje, espero pronto tengas nuevos destinos
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