Fodor, el único restaurante rumano del país

Hola amigos. Recientemente, conversando con mi madre, le comentaba que, a pesar del título de este blog, no había una entrada específicamente sobre comida. Para subsanar dicha omisión, hoy les voy a platicar mi experiencia en Fodor, el único restaurante rumano del país.

Encabezado del menú, el cual se encuentra
adherido a la mesa para comer

     Ubicado en la Colonia Juárez (Londres 187), cercano a la glorieta de Insurgentes, es muy fácil que este minúsculo restaurante, del tamaño de una cafetería, pase desapercibido. He de confesar que elegí el peor día para ir, el viernes; el metro, repleto de humanidad, no se movía, así que decidí irme en Metrobús que, aunque más repleto aún, al menos avanzaba. Llegué una hora después de lo previsto con un hambre canina. Como suelo hacerlo, había revisado los platillos de la carta en Internet y tenía idea de lo que quería pedir; sin embargo, mi sorpresa fue grande cuando el chef y dueño, el rumano y parlanchín Fodor Atila, salió de la cocina, se sentó frente a mí y, sin darme oportunidad de réplica, me dijo que me iba a traer platos de todo el menú. 
     En lo que preparaba la comida me paré para observar el local, y vi en la pared un cuadro (deformado en la esquina inferior derecha) representando a Vlad Tepes (Vlad el "Empalador" en rumano) o Vlad Drácula, despiadado gobernante rumano del siglo XV del que se cuenta que empalaba a cautivos y enemigos. En él se inspiró el escritor irlandés Bram Stoker para escribir su novela Drácula, publicada en 1897.

Cuadro en el restaurante representando a Vlad Tepes o Vlad  
Dracul, inspiración de la novela Drácula de Bram Stoker

     Platicando con un señor en una mesa adyacente, me dijo risueño que me iba a traer tanta comida que terminaría diciéndole que parara. Dubitativo aguardé para ver si aquel oráculo gastronómico se cumpliría, y para mi sorpresa lo hizo con creces. De entrada me trajo un platón de pan duro con salsa de tomate picante y vinete (berenjenas en rumano). Enseguida vino una ciorba de burta (sopa de estómago de vaca), muy sabrosa.
Ciorba de burta

     Después llegó una mamaliga cu branza (sopa de "polenta con queso" en rumano).

Mamaliga cu branza

     Luego vino algo que me encantó que no está en la carta, el goulash, platillo tradicional de la gastronomía húngara, elaborado en esta ocasión con cordero, estómago, papas, pimentón y chile, realmente exquisita. Sólo la probé porque ya no me cabía. Le dije a Fodor que ya no me trajera, y me respondió "hay más", y al poco tiempo me trajo el mici, "pequeño" en rumano, que de pequeño sólo tenía el nombre: tremendo plato elaborado con carne de res, cerdo y especias, con arroz como acompañamiento.

Goulash, platillo típico de Hungría

Mici

     El postre fue lo menos lucido del menú, aunque no estaba malo: unas bolas de pan frito rellenas de mermelada de fresa, que al principio me las trajeron frías y no se podían cortar ni comer; se las llevaron y me las trajeron después ya calientes y acompañada con una crepa tibia de grueso espesor, para ser honesto bastante desabrida.
  
Postre

     Con todo se los recomiendo pero con una advertencia: no vayan en viernes, acudan con un acompañante, escuchen pacientemente la plática del dueño que acude repetidamente a los comensales para contar historias de su natal Rumanía mitad rumano mitad español (rumañol, jajaja) de las cuales probablemente no entiendan la mitad, y vayan con la idea de pasar allí al menos dos horas porque el tiempo de preparación es largo. Y sobre todo: sean tajantes al decirle al dueño que ya no quieren más comida. A continuación un video de Canal Once sobre este lugar tan peculiar: 
        

     ¿El costo de tantos manjares? ¡100 pesos en total! Compré también una taza con la bandera de Rumania, el rostro de Vlad Tepes por un lado y su castillo por el otro, también con un costo de 100 pesos. Es decir que en total gasté 220 pesos ya con la propina. Gracias por su tiempo.

Yo a la izquierda, el chef Atila Fodor a la derecha
 


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